¿Te has preguntado quiénes te acompañan en tu camino de SuperVivencia? Me refiero a las personas que te acompañan e influencian en tu recuperación de salud física o emocional. Doctores, psicólogos, terapeutas, naturópatas, amigos, incluso familiares.

 

Creo con firmeza que todo pasa por algo y pasa en el momento oportuno: que Dios permite y provee, que los tiempos se alinean y que las fuerzas positivas impulsan a personas y circunstancias para que nos enseñen lecciones de vida. Sin embargo, al final del día y mientras nuestras facultades mentales lo permitan, seremos NOSOTROS los que decidamos y digamos: “con este sí quiero” o “con este no”.

 

Quiero platicar hoy sobre cómo he elegido a mis acompañantes médicos: prestadores de servicios de salud a los que les confío mi tratamiento y que me dan guía. He sido muy afortunada, como les contaré a continuación. Sin embargo, la última decisión de quererlos o no, de atenderme con ellos o no, ha sido mía, y sólo mía.

 

Amigos me comparten que a veces no se sienten tan “conectados” con sus doctores. Entiendo, porque lo he vivido en carne propia, que existen circunstancias externas (como los seguros médicos) que en ocasiones nos dejan opciones limitadas. Sin embargo, hay opciones. Y dentro de esas opciones podemos elegir, si no la soñada, ¡sí la óptima! ¡Mi opción B puede ser querida también!

 

Entre los diferentes factores que han influido en la decisión de elegir mis médicos (después de asegurar que estén en la red del seguro médico o cobertura de salud pública), les comparto los más importantes para mi:

  1. Encontrar a un ser humano con gran corazón detrás de la bata médica.
  2. Sentir auténtica admiración por sus conocimientos y trabajo realizado. Esto requiere hacer un poco de investigación sobre su trayectoria.
  3. El “click” o química que logre con ellos.

 

Les comparto ahora una historia especial que he vivido durante la elección de mis oncólogos, a los que he dicho “I DO” (sí quiero) con todo mi corazón.

 

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A Dr. Joyce aún no sé si yo la elegí primero, o ella me eligió a mi.

 

Dr. Joyce es mi segunda oncóloga y a quien le he confiado mi salud y tratamiento como SuperViviente de cáncer. ¡Qué importante es elegir bien a nuestros doctores!

 

Mi primer médico oncólogo fue Dr. Ari. De igual manera que con Dr. Joyce, puedo decir que él me eligió a mi antes de que yo lo eligiera a él. Hace cinco años, cuando mi cirujano encontró que yo tenía un cáncer “rebelde” y con metástasis, antes de llamarme para darme la noticia, él ya había hablado a las oficinas de los médicos oncólogos del hospital Queen of the Valley, en Napa, California. Dr. Ari fue quien accedió tomar mi caso de manera inmediata. Cuando mi cirujano me llamó para darme la noticia de mi diagnóstico, también me dijo que al día siguiente vería al oncólogo que me atendería. La cita ya estaba hecha. ¡Ni tiempo qué perder! Las cosas pasan siempre por algo.

 

Con Dr. Ari viví el rudo camino de las quimioterapias, hormonoterapias, cirugías, radiaciones. De origen turco y unos cuántos años más grande que yo, Dr. Ari me animó, a veces me regañó 😉 y siempre me dejó claro que él haría todo lo que estaba en sus manos para sanarme; sin embargo, me repitió muchas veces que el resultado final dependería en gran medida de mi actitud, pensamiento positivo y, muy en su estilo, sugirió que también dependería de Dios.

 

Fue en el hospital en dónde aprendí que la medicina convencional (la que me daba el Dr. Ari) se complementaba muy bien con la integrativa. Dr. Ari me ofreció entrar a un programa de atención integral para pacientes con cáncer que incluía sesiones con una nutrióloga, psicólogo, fisioterapeuta, entrenador personal en el gimnasio, masajes curativos, grupos de apoyo y si lo pedía, hasta un sacerdote como guía espiritual. ¡Dije que sí a TODO!

 

Al año y medio de mi diagnóstico, allá por Agosto 2014, mi familia y yo decidimos movernos de California a Texas (ya habíamos vivido en Dallas anteriormente). Confieso que mi principal preocupación fue encontrar a un oncólogo tan bueno como el que ya tenía. Cuando le pedí a Dr. Ari que me refiriera con algún colega en Dallas, me dijo que no tenía presente a alguien en particular. Me pidió que yo buscara oncólogos que estuvieran en mi red del seguro médico, y que cuando hubiera elegido a uno le avisara para que él personalmente hiciera la referencia (aquí en Estados Unidos esto de las referencias médicas es muy importante). Dr. Ari me prometió que él hablaría con el nuevo doctor sobre mi caso y el seguimiento que había propuesto para mi supervivencia.

 

¡Manos a la obra! Ese día llegué a la casa y Google me ayudó a saber santo y seña de los principales oncólogos en el área metropolitana de Dallas. Me acuerdo que cuando llegó ese día mi marido del trabajo y yo ya tenía pegado en la pared de la casa las fotos y currículos de los Top Ten oncólogos en el área. Investigación exhaustiva.  Los tenía ordenados de mi favorito #1 a mi favorito #10.

 

El favorito #1, más bien favorita, era una doctora llamada Dr. Joyce O’Shaughnessy. Mujer. Investigadora y directora de muchos clinical trials para cáncer de mama. Egresada de Yale. ¿Porqué no?  ¿Qué perdía? Hablé inmediatamente y la que se encargaba de las citas me comentó que Dr. Joyce casi no aceptaba pacientes nuevos; sin embargo, me recomendaba que llenara todos los papeles y formatos (in-fi-ni-tos) para solicitar una cita de “primera vez”. Lo acepté pacientemente. Tenía tiempo puesto que mi estancia en California aún demoraría un mes y medio más.  Ese mismo día empecé a llenar los papeles para solicitar cita como paciente nuevo. Recuerdo que era viernes por la tarde y ya no tuve oportunidad de enviarlos por fax a la oficina de Dr. Joyce. Mi plan era esperar el día lunes y enviarlos. Sí. Disfrutaría el fin de semana pues parecía que todo iba por buen camino.

 

Al día siguiente, sábado, mi esposo, mi hija y yo habíamos ido a comer a Sausalito. Regresábamos a la casa. Eran como las seis de la tarde cuando entró una llamada a mi celular. Como íbamos en el coche, la llamada se conectó automáticamente al sistema de audio, así que todos escuchábamos. Quien me llamaba era Dr. Ari, para decirme que estaba atendiendo a una conferencia anual sobre cáncer de mama. “Aideé, quiero decirte que ya te he referido con una oncóloga que tiene su consultorio en Dallas y ha aceptado atender tu caso. Ella ha sido la ponente principal en esta conferencia a la que atiendo y es una de las oncólogas que más admiro. Quiero que vayas con ella”. Dr. Ari me comentó también que yo necesitaba enviar lo antes posible una carta a esta oncóloga en Texas solicitando una cita de “primera vez” y mencionando que me refería Dr. Ari Umutyan, oncólogo de Napa con quién había ella charlado en la conferencia sobre mi caso y bla, bla, bla….

 

¡Uf! Mi investigación de los Top Ten. Mi insistencia con Dr. Joyce para que me atendieran como paciente nuevo. Mi tiempo llenando los papeles in-fi-ni-tos….y Dr. Ari que había decidido ya con quién referirme…Y esa oncóloga que ya había aceptado llevar mi caso.  Confieso que no me gustó que me moviera tanto la jugada.

 

“Dr. Ari, a ver y a quién dirijo la carta, a dónde la mando…”.  Sí; estaba molesta. “Ya ni llorar es bueno”…..pensé.

 

“Dirígela a Dr. Joyce O’Shaughnessy”.

 

La misma Dr. Joyce que estaba yo persiguiendo, pensando, soñando….¡La misma! Y mi oncólogo que ese mismo día le había hablado de mi caso y ella lo había aceptado.

 

Sí lloré. Lloramos. Incrédulos todavía, le contamos con todo alboroto a Dr. Ari que justo había sido ella la “elegida” y que estábamos por enviar los papeles para pedir una cita que sabíamos era ya difícil de conseguir.

 

El lunes mandé todos los formatos y añadí la carta donde mencionaba a Dr. Ari y su encuentro con ella en la conferencia de cáncer de mama. No pasaron más de cinco días cuando me llamaron de la oficina de Dr. Joyce para darme una cita. Y ahí empezó mi aventura con ella…

 

¿Ella me eligió? ¿Yo la elegí?

 

Lo que puedo decirles es que Dr. Joyce me ha enseñado y me ha repetido que el estilo de vida sano es lo más importante para mantenernos con salud: peso adecuado, buenos hábitos alimenticios, descansar bien, movernos y hacer ejercicio, pensar en positivo, sonreír mucho, amar más….

 

Hace unas semanas que la vi para mi chequeo semestral le compartía que estaba preocupada por mi osteopenia  y mis entrenamientos para un medio maratón que haría próximamente. “Tengo pacientes y amigos que han pasado de osteoporosis a huesos sanos gracias a correr. Ve ahora por un maratón”.  Respuestas como éstas me dejan claro que estoy donde yo quiero estar.

 

He tenido dicha en encontrar a doctores que son extraordinarios seres humanos, profesionalmente capaces y con los que he decidido hacer “click” (he decidido, porque como en el matrimonio, “el amor a los doctores es también una decisión”).

 

Y de otras guías como mi cirujano, cirujano plástico, radiólogo, nutriólogo, naturópatas, entrenadores, fisioterapeutas, psicólogos, guías espirituales…sí, lo he decidido poco a poco. En ocasiones no ha sido fácil. A veces es “prueba y error”. Sin embargo, ¿de qué otra forma puedo encontrar a quiénes quiero que me acompañen en este camino de supervivencia? Con paciencia y disposición. Y por supuesto, con mente y corazón bien abiertos.