Conoce a Miriam: Ejemplo de aprendizaje

¡Hola! Mi nombre es Miriam Mecinas. Tengo 39 años, soy mamá de 2 y soy de Puebla. Llegamos hace doce años a Estados Unidos por cambios en el trabajo de mi esposo. Yo era parte de un grupo para “playdates” de mamás mexicanas cuando conocí a algunas amigas que me compartieron sobre ROSAesROJO. Me fui incorporando poco a poco. Primero empecé escuchando historias y anécdotas o los encontraba en redes sociales. Fue hasta más adelante cuando conocí del famoso Camino Rojo. Aprendí todos los detalles del programa mientras invitaba a mujeres en mi comunidad a sumarse. Una amiga pasó por El Camino Rojo primero, y cuando terminó me contó cosas muy positivas, así que me animé a intentarlo.


Cuando mi hijo nació me detectaron hipotiroidismo, y ha sido algo que ha cambiado de muchas maneras mi estilo de vida. Me había tratado con medicamentos, y había seguido todas las instrucciones de mis doctores. Sin embargo, sentía que algo hacía falta. Me di cuenta que no solamente necesitaban un balance médico, si no que necesitaba un cambio en mi estilo de vida. Esto no ha sido fácil. Como mamás, a veces tendemos a dejar de lado nuestra salud mental y física para atender a nuestros niños, lo cual es un reto.


Cuando comencé con los problemas en la tiroides, me propuse cambiar ligeramente mi forma de comer y a ejercitarme más. Todo parecía ir bien hasta que llegó la pandemia de COVID-19. Fue un cambio muy fuerte, no solamente físico, sino también mental. Fisicamente como familia intentábamos mantenernos activos saliendo a caminar y al parque; sin embargo, emocionalmente fue muy retador. Teníamos ya año y medio sin ir a México, y nuestro proceso de obtener nuestra residencia se detuvo por la crisis de salud mundial. . Yo quería regresar a ver a mi abuela materna, que estaba muy enferma. No poder ir a verla me pegó mucho emocionalmente. Ahí fue cuando me di cuenta que nuestra salud mental es clave para nuestra salud física. Al estar triste, no tenía ganas de moverme ni de hacer cosas importantes para mi o mi familia. No me sentía al 100%, y no por una cuestión médica, sino por un desbalance emocional.


Me integre a El Camino Rojo para mejorar, y me di cuenta de que este programa es lo que todos necesitaban en tiempos como aquellos. Necesitábamos aprender a pensar positivo, conocer y nombrar nuestras emociones para así salir adelante. También, que fuera por la plataforma “Zoom” era muy conveniente, ya que a veces el trasladarse puede ser una limitante. Para mí, El Camino Rojo era un tiempo especial conmigo misma.


Ya conocía algunas de las cosas que me mostraron en El Camino Rojo, pero no sabía exactamente cómo aplicarlas. En los talleres me daban las herramientas para poder aplicar lo aprendido a mi vida. Era como si alguien hubiera unido y condensado en unas cuantas semanas lo que de cierta manera yo ya había escuchado durante toda mi vida. Me mostraron lo que podría ser mi vida, y me enseñaron que puede existir un balance. También me ayudaron a ser mucho más gentil conmigo misma, y a no regañarme cuando me tropiezo, si no a corregir mis errores con amor y paciencia. Todo esto se lo estoy enseñando a mis hijos y ha sido un proceso muy satisfactorio. Me encanta verlos crecer y ayudarlos a ver las cosas de una manera más optimista.


El participar en un programa como El Camino Rojo causa nada mucha alegría, porque hay una unión de mujeres que comparten conocimiento siempre de manera muy respetuosa, y cuidan siempre que veamos el panorama completo. Es una oportunidad muy buena para dedicarte tiempo y encontrar un mejor camino de salud para ti y para tu familia. Te invito a que te animes a formar parte de los programas de ROSAesROJO porque encontrarás conocimiento muy valioso, la oportunidad de crecer y ser mejor contigo misma, y sobre todo una comunidad en quien apoyarte.